Estas últimas semanas han sido muy duras. La incertidumbre absoluta con la vuelta al cole nos ha tenido a muchas con los nervios a flor de piel. Y si a esto le añadimos la tensión del día a día, las preocupaciones del trabajo y la falta de una cierta estabilidad para poder planificar a medio o largo plazo, ya tenemos un combo perfecto para que nos devore el estrés. Y ojo, el estrés de forma puntual no es malo. El verdadero problema aparece cuando se mantiene el cuerpo en ese estado a lo largo del tiempo.

 

El estrés es una reacción del cuerpo y la mente ante una situación para la que no tenemos capacidad o recursos suficientes, o al menos, así lo percibimos. Puede producir tensión en el cuerpo, respiración acelerada, dificultades para tomar decisiones, inseguridad, miedo, pensamientos negativos…

Como el resto de emociones, el estrés es un aviso. En este caso, es una respuesta natural del cuerpo que permite adaptarte al cambio. Si no atiendes a los síntomas de aviso y alargas la situación de estrés, tu cuerpo y tu mente llegarán a una situación de agotamiento. Por eso es importante identificar los síntomas para poder atajarlo cuanto antes. Incluso crear algunos hábitos de control de estrés que te permitan mantenerlo a raya. Con el tiempo, estos hábitos pueden servirte para prevenir esos períodos de tensión, anticiparte a ellos y gestionar desde el control las situaciones que suelen producirlos.

 

Cuando el estrés aparece, es fácil quedarse bloqueada. Para pensar con claridad y poder hacer esa adaptación al cambio, primero debemos relajar el cuerpo y despejar la mente. Esto se consigue mediante respiraciones profundas y lentas.

Coger el aire por la nariz de forma consciente, hasta llenar tus pulmones, y soltarlo por la boca lentamente hasta vaciarlos por completo. Concéntrate en la respiración, sin pensar en nada más. Una vez te encuentres más tranquila, ya puedes pensar y trabajar en pequeñas soluciones que te ayuden a disminuir el estrés. Aquí tienes algunas ideas:

 

  • Reserva un momento del día para ti. Revisa tu día, las metas alcanzadas, los asuntos pendientes… Tener esos ratos te ayudarán a centrar tu actividad diaria y poner el foco en lo que realmente es importante para ti.
  • Planifica y organiza: el desorden en tu vida alimenta el estrés y es una gran fuente de estrés en sí mismo. Elimínalo dedicando unos minutos al día o la semana a organizar todas las áreas de tu vida.
  • Haz cosas que te gusten. Incorpora en tu vida actividades para ti que tú elijas y quieras hacer. Te hará sentir poderosa y capaz de elegir sobre cómo quieres vivir tu vida.
  • Aprende a delegar responsabilidades. El peso del trabajo, la familia, o el hogar no debe recaer sobre una única persona, sino que cada integrante debe asumir su parte. Cuando mejor esté hecho este reparto, menos estrés sentirás.
  • Dedica unos minutos al día a practicar una respiración relajada y consciente, incluso cuando no sientes estrés. Tener la rutina y dominarlo te será de gran ayuda cuando las tensiones regresen.
 
 
 
¿Conocías alguna de estas técnicas? ¿Sueles atender a tu estrés? Si te ha resultado interesante este post, ¡no dudes en compartirlo! Podrías ayudar a alguien que lo necesite 😉
 
 
Un abrazo,
Sara
 
 
 

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