mediasytintas_Yo emprendo: afrontar el cambio

 

Renovar la web ha sido mucho más que un cambio de diseño. Para mi ha supuesto todo un cambio de perspectiva, romper esquemas y reconstruir a partir de un nuevo concepto que rondaba mi cabeza desde hace mucho, mucho tiempo. Ha sido un camino largo y lleno de obstáculos. Pero sobre todo, ha sido un camino lleno de aprendizaje que hoy quiero compartir contigo.

 

Emprender es como tener tu primer hijo. De la noche a la mañana te cambia la vida, las prioridades, incluso tus creencias. Todo es nuevo y por mucho que leas sobre el tema, al final vas aprendiendo a base de prueba y error. Hoy te hablo de mi camino, pero todo lo que voy a contarte puedes aplicarlo a cualquier esfera de tu vida. Porque cambiar, reconstruir una parte de ti, sea la que sea, siempre sigue un mismo esquema.

Cuando creé Medias y Tintas como negocio (antes era solo un blog personal), imaginé un proyecto grande, lleno de secciones y recursos. Una mezcla entre revista digital y plataforma de formación para empoderar mujeres. Era muchísimo trabajo, pero no tenía miedo. La ilusión y las ganas eran infinitamente más grandes que los miedos.

Sin embargo, tras el primer año, la salud me falló. Una enfermedad crónica que me acompañaba desde hacía muchos años, despertó con toda su fuerza y sus decenas de síntomas me dejaron K.O. Yo quería trabajar, pero mi cuerpo no me acompañaba, quería crear, escribir, sacar adelante todas las ideas que tenía pendientes, pero mi mente no respondía con la agilidad de siempre. De algún modo, mi cuerpo me estaba enviando un mensaje que me resistía a escuchar porque la vida me estaba esperando. Y cuanto más me resistía, más me costaba llegar a mis metas y más frustrada me sentía. Hasta que ya no pude más y paré para estudiar y entender qué era aquello que congelaba mi vida por temporadas.

Con el paso del tiempo, me di cuenta de varias cosas:

  • sin salud no había proyecto ilusionante que sacar adelante
  • debía conocer mi enfermedad a fondo para aprender a gestionarla en los momentos bajos
  • No iba a dejar que mis sueños se rompieran por mi salud, pero era necesario revisarlos y adaptarlos a mi nueva situación

En mi caso fue la salud, en el tuyo puede ser la llegada de un bebé, un despido en el trabajo o la propia crisis sanitaria. La vida está llena de imprevistos que te cambian los planes de un día para el otro y es importante identificarlos para no entrar en bloqueo.

De modo que el primer paso para reorientar tu vida es Identificar el detonante. Aquel suceso que choca con tu ritmo de vida actual y te genera malestar, o te impide seguir por el mismo camino que traías. 

 

Tras estudiar bien a fondo mi enfermedad y sus consecuencias en mi día a día, empecé a comprender que se trataba de ciclos, de idas y venidas, que tras un periodo malo siempre venía uno bueno. Y viceversa. Esto me permitió reducir el nivel de estrés que me provocaban los momentos bajos. Esa angustia por no poder cumplir mis planes, esa sensación de querer llegar y no poder. Esa frustración por no poder controlarlo todo. 

Al mismo tiempo, descubrí que los momentos buenos eran realmente buenos, de muchísima energía, capacidad para sacar trabajo adelante y una especial predisposición a disfrutar más de todo. Sin darme cuenta, cualquier cosa me hacía inmensamente feliz por el mero hecho de encontrarme bien y poder disfrutarlo.

Y este sería el segundo paso: Conocer en profundidad el detonante. Analizar todas sus características, sus pros y sus contras, lo que queda dentro de tu capacidad de acción y lo que queda fuera. En definitiva, separar lo que depende de ti de lo que no. 

 

Cuando asimilé mi enfermedad y todo lo que implicaba en mi día a día, supe que tenía que tomar decisiones. Iniciar un proceso de cambio que me permitiera seguir adelante con mi vida, respetando los ciclos de mi enfermedad. Dicho así parece una tarea fácil pero no lo fue. Planificar sin saber cuándo tendré que parar o cuándo podré retomar, no es nada fácil. Fue un trabajo diario y constante, de probar, equivocarme y volver a probar a lo largo de semanas y meses. Tuve que aprender a ser paciente en los momentos bajos, esperando que llegaran los buenos. Tuve que practicar mucho el pensamiento positivo, incluso cuando mi cuerpo me decía “abandona”, para no rendirme. Tuve que cerrar mi mente entorno a una única meta: seguir adelante. En definitiva, tuve que creer en mí.

Y de aquí sacamos el tercer paso: tomar decisiones. Qué vas a hacer con todo esto, qué medidas vas a tomar. Qué nuevas rutinas o hábitos necesitas, qué aspectos debes revisar, dónde debes poner el foco, qué habilidades personales vas a necesitar y cómo vas a trabajarlas.

También de aquí sale el cuarto paso: pasar a la acción. Lo importante en este punto no es tanto el cuándo lo vas a hacer. Sino el cómo. Ya sabes que el proceso de cambio puede ser largo, de modo que en este punto quiero que recuerdes cinco claves:

  • constancia
  • paciencia
  • pensamiento positivo
  • foco
  • confianza en ti misma

En resumen, podríamos decir que el camino nunca termina. Tus metas son las diferentes paradas que vas haciendo en los puntos de interés, y pueden cambiar por elección propia o por circunstancias imprevistas. Esto cambiará el paisaje y tú podrás adaptar lo que llevas en tu mochila para seguir disfrutando a pesar de todo.

 

Sea como sea, el viaje es permanente y está en tu mano seguir a cualquier persona que se cruce en tu camino, o crear un camino propio.

 

Yo he creado el mío y sigo caminando, ahora con una sonrisa puesta 🙂

 

¿Y tú? ¿En qué punto estás?

 

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